La oscuridad se establecía en aquella mansión donde nadie estaba seguro. Hacia 50 años que estaba desabitada pero por la mañana llegarían los nuevos habitantes, era una familia. Tenían un hijo pequeño y una hija adolescente. El matrimonio pasaba por una de sus mejores épocas, por eso se habían mudado a la casita a las afueras de Buenos Aires. La noche transcurrió tranquila y a las 8 de las mañana llego el coche de la nueva familia. De él salio un hombre robusto y alto aunque no demasiado. Diez minutos después llegaron en otro coche la mujer y los hijos. Cuando la hija llamada Laila vio la grande que era la mansión quedo impresionada. Pero no tanto como la mujer que estaba sin habla. El niño era demasiado pequeño como para darse cuenta de lo grande o pequeña que era una casa. Laila miro a la ventana de arriba del todo, y le pareció ver a una chica morena con el pelo largo. Pero lo atribuyo al cansancio. Subió por las escaleras y se encontró con su padre.
-Hola mi niña elige habitación-le dijo. Aunque ella ya había elegido desde que vio la casa por primera vez quería esa habitación, la mas alta, donde había visto esa sombra. Se dirigió allí como alma que llevaba el diablo y abrió la puerta apresuradamente. Cuando entro quedo sorprendida, era grandiosa, las paredes estaban pintadas de rosa y los muebles tenían aspecto robusto pero eso si viejo. Se tiro encima de la cama.
-!Hay¡-Grito, se había clavado algo en la espalda, palpo con las manos asta encontrar lo que había sido.Lo cogió con la mano y vio que era un colgante de esos que tienen una foto dentro intento abrirlo pero no fue capaz. Así que se lo colgó en el cuello. Luego abrió la puerta del armario que tenia enfrente. Estaba lleno de pequeños vestidos antiguos. Valla orteradas pensó leila mientras los miraba. De repento oyo un grito que procedía de su madre.
-odios mio o dios mio-Gritaba la madre mientras Laila bajaba por las escaleras. Cuando llego asta donde su madre también grito viendo horrorizaba la cabeza de su hermanito cortada en dos por un gran espejo caído. El niño tenia los ojos abiertos y una fría sonrisa en la cara su cabecita solo estaba sujeta al cuerpo por un fino hilo de piel.
Al día siguiente la familia enterró al niño, no había mucha gente en el entierro pues ellos eran los únicos de su familia y contaban con pocos amigos. Cuando la tierra empezó a caer sobre el pequeño ataúd la el padre cogió una pistola y se pego un tiro en la nuca callendo sobre la tumba de su hijo que se rompió mostrando los dos cuerpos inertes. La madre sufrió un ataque de histeria pero aun así volvieron a la casa. Encima de la cama de Laila había una nota.
"Ayer me mostré ante ti para avisarte para que os fuerais pero no me hicisteis caso ahora ya es demasiado tarde todos moriréis"
Laila cogió la nota y la arrugo. "TU NO NOS VAS A MATAR" grito ella mientras cogía un hacha de detrás de la puerta de la cocina. Fue a la habitación de su madre y se arrodillo a su lado. Le pidió perdón mientras rezaba aunque la madre dormida no se daba cuenta de lo que pasaba, levanto el hacha y la dejo caer sobre el cuello de su madre. Luego la corto en trocitos muy pequeños y encendió el horno. Rebozo los trocitos y los preparo. Luego ella sola mientras cantaba Feliz cumpleaños se comió uno a unos los trozos. Pues ese día ella cumplía 18 años. Sujeto el colgante que había encontrado que se abrió, en el apareció la foto de una muchacha y una nota "Yo también tenia 18 años cuando me comí a mi familia"
-Hola mi niña elige habitación-le dijo. Aunque ella ya había elegido desde que vio la casa por primera vez quería esa habitación, la mas alta, donde había visto esa sombra. Se dirigió allí como alma que llevaba el diablo y abrió la puerta apresuradamente. Cuando entro quedo sorprendida, era grandiosa, las paredes estaban pintadas de rosa y los muebles tenían aspecto robusto pero eso si viejo. Se tiro encima de la cama.
-!Hay¡-Grito, se había clavado algo en la espalda, palpo con las manos asta encontrar lo que había sido.Lo cogió con la mano y vio que era un colgante de esos que tienen una foto dentro intento abrirlo pero no fue capaz. Así que se lo colgó en el cuello. Luego abrió la puerta del armario que tenia enfrente. Estaba lleno de pequeños vestidos antiguos. Valla orteradas pensó leila mientras los miraba. De repento oyo un grito que procedía de su madre.
-odios mio o dios mio-Gritaba la madre mientras Laila bajaba por las escaleras. Cuando llego asta donde su madre también grito viendo horrorizaba la cabeza de su hermanito cortada en dos por un gran espejo caído. El niño tenia los ojos abiertos y una fría sonrisa en la cara su cabecita solo estaba sujeta al cuerpo por un fino hilo de piel.
Al día siguiente la familia enterró al niño, no había mucha gente en el entierro pues ellos eran los únicos de su familia y contaban con pocos amigos. Cuando la tierra empezó a caer sobre el pequeño ataúd la el padre cogió una pistola y se pego un tiro en la nuca callendo sobre la tumba de su hijo que se rompió mostrando los dos cuerpos inertes. La madre sufrió un ataque de histeria pero aun así volvieron a la casa. Encima de la cama de Laila había una nota.
"Ayer me mostré ante ti para avisarte para que os fuerais pero no me hicisteis caso ahora ya es demasiado tarde todos moriréis"
Laila cogió la nota y la arrugo. "TU NO NOS VAS A MATAR" grito ella mientras cogía un hacha de detrás de la puerta de la cocina. Fue a la habitación de su madre y se arrodillo a su lado. Le pidió perdón mientras rezaba aunque la madre dormida no se daba cuenta de lo que pasaba, levanto el hacha y la dejo caer sobre el cuello de su madre. Luego la corto en trocitos muy pequeños y encendió el horno. Rebozo los trocitos y los preparo. Luego ella sola mientras cantaba Feliz cumpleaños se comió uno a unos los trozos. Pues ese día ella cumplía 18 años. Sujeto el colgante que había encontrado que se abrió, en el apareció la foto de una muchacha y una nota "Yo también tenia 18 años cuando me comí a mi familia"
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